Joaquín intentó levantarse, pero Iván le pisó fuertemente el pecho con un pie. Joaquín, adolorido, mostró los dientes y frunció el ceño, sintiendo como si todas sus costillas estuvieran a punto de romperse.
Joaquín dijo: —¡Ustedes... al menos tengan el coraje de decir sus nombres!
—¿Crees que puedes hacer lo que quieras, llamar al viento y a la lluvia, simplemente porque has sido arrogante en tu pequeño mundo? —Marcelo habló con calma, colocando un extremo del tubo de acero debajo de una piedra.