Mundo de ficçãoIniciar sessãoQuatro anos depois que os companheiros na grande viajem de exames se viram pela última vez, muito mudou em suas vidas: estão mais maduros, embrutecidos, poderosos e ansiosos pelo reencontro. Em meio às últimas confusões de sua adolescência e os problemas adultos que os esperam: matrimônio, serviço militar e, especialmente, o terrível conflito que se arrasta na fronteira do reino, há cada vez menos espaço para as trivialidades da vida comum e muito mais ansiedade e angústia pelo futuro - ou pela abreviação brutal dele. No cerne da complicada situação do reino, com a ameaça de uma guerra civil a leste e uma invasão estrangeira ao norte, escolhas muito difíceis terão de ser tomadas, e entre elas a mais importante de todas: onde, no meio do caos, do fogo e da tempestade de espadas e lanças, estará a sua lealdade?
Ler maisLos sueños siempre se acaban, son esas burbujas en medio de la realidad tan frágil que se rompen con facilidad.
Dafne en ese momento veía a su burbuja perfecta hacer explosión delante de sus ojos.
—Estás embarazada, tienes dos meses de embarazo.
Esas palabras golpearon su rostro con fuerza y al doctor le comentó:
—No puedo estar embarazada, tengo una carrera… Seré modelo, acabo de ganar un concurso de belleza…—vio el desconcierto del doctor—es que…
El doctor le dijo pacientemente:
—Eres joven y la vida te dio una responsabilidad, tus sueños pueden continuar a pesar de todo.
Mentira, los sueños murieron en ese momento, caminó de vuelta al auto y pensó en Casandra Gables, la promotora que la había descubierto en ese concurso de belleza, sus palabras flotaban en su mente:
—Querida, tienes todo lo necesario para triunfar en el modelaje.
Para ella una recién reina de belleza salida de un pueblo del que no era necesario mencionar. Su mayor logro era conseguir esa banda y la corona que resplandecía sobre sus cabellos negros, algunos la compararon con una Barbie, pues su cuerpo era perfecto y su cabello negro largo y sedoso.
Ahora no tenía nada, llegó al departamento que Gables pagaba como una inversión a su futuro de modelaje y se sentó a meditar ahora en su futuro, vio las volantes del producto Virginal, la marca de cosmético de la que ella sería su imagen y… solo rompió a llorar.
Casandra llegó con buenas noticias:
—Querida, qué bueno que te encuentro, tengo una noticia buena…—la vio llorosa—¿qué te pasó?
No deseaba engañarla y le confesó:
—Estoy embarazada.
—¿De mi hijo?—preguntó horrorizada.
—No es de Jud…
La mujer sintió un alivio, entonces le dijo:
—¿De quién entonces?
Ni ella podía definirlo, es que todo era tan raro, solo conoció a alguien y cuando menos lo pensaba estaba con él en una habitación teniendo sexo y…
—No lo sé.
Casandra se pasó una mano por la cabeza:
—Eso cambia todo, es decir, los cosméticos Virginal desean en su imagen chicas que evoquen una imagen de pureza… No chicas embarazadas.
—Es que no sé qué hacer…
Entonces ella dijo fríamente:
—Puedes abortarlo, nadie sabrá nada.
Eso fue como un golpe helado contra su rostro.
—Es que me da miedo…
—Bueno es eso o dejar la carrera para siempre, nadie contrata madres solteras en sus campañas, no se ve bien…—tomó su bolso—también puedes darlo en adopción, tengo contactos que te ayudarán con eso del mantenimiento y ubicarán a la cosa en algún hogar.
Eso sonaba bien, al menos en esos momentos y ella le comentó:
—¿Entonces puedo dar a mi bebe en adopción?
—Claro, ni más faltaba, todo tiene solución.
Sintió que esa era la solución y firmó con una empresa que se llamaba Baby D****e, le daban todo: chequeos, departamento y se suponía que una familia iba a recibir al bebe con amor.
Estaba en su séptimo mes y se sentía rara, Jud se había alejado espantado, el bebe se movía dentro de ella, entonces fue a ese chequeo y el doctor le dijo:
—Es un varón, un hermoso y perfecto varón—tomó su móvil y tecleó algo, entonces se disculpó—voy al baño.
Sintió curiosidad, siempre que iba a un chequeo el doctor tomaba su móvil y escribía algo, entonces alargó la mano y tomó el móvil y leyó:
“Tenemos un varón, sano, para vender”.
¿Vender? ¿Iban a vender a su bebe? Dejó el móvil en su lugar y se sintió tensa, el doctor salió y le dijo:
—Pronto coronamos y este bebe irá a un bello y hermoso hogar.
—¿Hogar?
—Sí, en Baby D****e nos preocupamos por cumplir a las parejas sus sueños.
Todo era muy raro, intentó parecer normal, simplemente cordial, pero apenas salió de allí y ver a otras jóvenes en su misma situación no lo pensó dos veces: huiría de todo eso.
Esa noche empacó sus cosas necesarias, algo que había comprado para el bebe, entonces se dispuso a irse, dejó su móvil en el departamento y salió con una maleta.
Tomó un taxi y fue a la terminal en donde compró boleto para Ciudad Capital, en donde en ese momento nevaba.
“Dios mío, qué voy a hacer ahora” fue su reflexionar, entonces recordó al hombre que había conocido en el bar en donde celebraba su reinado de Miss Tropical, su banda relucía y su corona brillaba en su cabeza.
—Una reina, siempre deseé conocer una—le había dicho.
Aunque intentaba ver su rostro solo veía un velo sobre él, pero su voz era varonil y cautivante, su perfume olía a bueno, a vida, a sexi. Debía ser por los cocteles que había tomado durante un buen tiempo, sonrió cautivada… Es la impresión que tenía ahora.
De repente estaba cerca de la puerta de una habitación, era besada con pasión.
—Espera… Es que…
—Eres la reina que siempre soñé.
Nunca le habían dicho cosas especiales, así que cuando entró con él todo fue muy ardiente, para una chica de 18 años, podía ser la aventura de su vida y lo fue.
Fue amada con pasión, sintió ese desborde en su vientre que detonó en un orgasmo intenso y espectacular.
¿Y después? Ni recordaba, excepto haber encontrado una rosa roja fragante cerca de ella y cuando vio al piso encontró una cadena de un sol de oro con una M, nada más, solo tenía eso de un sujeto y de una aventura de la que tenía ahora un hijo… Y un futuro incierto.
Empresas Montessori
Lauren Montessori revisaba unas facturas de la remodelación de uno de los restaurantes Montessori: Ícaro.
—Esto va muy bien, quiero que las luces jueguen un papel importante en el lugar.
El hombre asentía ante las indicaciones y recibió una llamada de su hermano:
—Lauren, me caso, acabo de pedírselo a Nicole.
Esa era toda una noticia, él le respondió:
—Cielos, te atreviste.
—Ahora solo faltas tú, todos deseamos que te cases.
Él hizo un sonido de fastidio.
—¡Vamos! No es tan malo, solo es un gran paso.
—No nací para casarme…—recordó su última aventura con esa reina de belleza—nací para amar a todas.
Escuchó la risa de su hermano:
—Sienta cabeza, papá desea que estés casado para fin de año.
—Claro y yo deseo un árbol de dinero, nunca me voy a casar.
Ahora venía el chantaje:
—Papá quiere darte tus propios restaurantes como herencia, pero desea hacerlo a un hombre comprometido.
—Nunca—miró la foto de su novia oficial a la que nunca le era fiel—no me siento listo.
—Bien, lo intenté…
Él sonrió, tenía una reunión en Denver, tenía que tomar un vuelo hacia allá e iba en su deportivo rumbo al aeropuerto, cuando un camión cargado de troncos le explotó una llanta y se fue de lado, los troncos se soltaron y comenzaron a rodar por la carretera, uno de ellos rebotó y lo vio ir hacia él, solo sintió el impacto y que algo se rompía en su interior.
Cuando despertó su hermano Giacomo estaba junto a él, apenas si podía articular palabra alguna.
—Calma, hermano, estás vivo, solo eso importa.
No entendió esa referencia: ¿Solo eso importa? Lo vio ir a la puerta y llamar a los doctores que lo revisaron, le hablaban como a un estúpido con tonos altos y preguntas tontas:
—¿Cómo se siente?
—No sé…
—¿Cuántos dedos ve?
Ponía cuatro dedos:
—No sea estúpido, tiene cuatro dedos y quiero levantarme de esta puta cama.
El doctor le anunció:
—Ya volvió, tiene suerte, después de tres meses en coma usted está reaccionando de maravilla.
¡Qué m****a! ¡Tres meses! Su hermano sonreía aliviado.
Estaba vivo, eso decían que era bueno, lo demás se estaba recuperando, por suerte no estaba inválido o con un miembro menos, hasta que…
—Sus estudios son alentadores, una parte del tronco hizo que parte de la carrocería se incrustara en sus partes íntimas… No tiene un testículo, puede que eso le ocasione problema con su fertilidad, intentamos reconstruir sus conductos…
—¿Cómo dice?
—Hay una posibilidad de que… No pueda tener hijos, es una gran posibilidad.
Eso nunca se lo esperó, de hecho nunca vio el matrimonio como algo viable, ni tener hijos; sin embargo, ahora que sabía que podía ser imposible, sentía un hueco dentro de él, como si se rompiera un sueño muy dentro, un sueño que estaba vedado, porque no lo sentía capaz de hacer florecer, desde que perdió la cadena que su abuelo le dejara, sentía que todo iba de mal en peor en su vida.
Su hermano lo llamó:
—¿Cómo fue todo?
—Bien…
—¡Qué bueno! Nicole está embarazada.
Eso era muy raro de escuchar en esos momentos, su hermano alegremente le dijo:
—Vas a ser tío.
Ahora solo sería tío y nunca padre, entonces todo adquirió un matiz ceniciento.
Dafne tenía a su pequeño bebe en brazos, no podía creer lo bello y grande que era.
—Ahora ya tengo porque vivir, tal vez no pueda ser una modelo o reina de belleza, pero si puedo ser tu mamá.
El bebe se movía y decidió llamarlo: Bruno, su pequeño, dormía en sus brazos, mientras pensaba en cómo lo mantendría ella sola en una ciudad tan grande, pero era eso o volver con esa gente que vendería a su hijo al mejor postor. ¿Y el padre? Solo Dios sabía quién era el padre de ese bebe que ahora dormía entre sus brazos.
Por mais pobre que houvesse sido, a prisioneira Número Setenta e Dois até então jamais havia aberto mão de certas vaidades. O longo cabelo penteado, ou trançado, por exemplo, era talvez a maior delas. Quando criança, ele caía sobre suas costas como uma volumosa cascata dourada. Ela gostava de ver sua mãe o trançando ou penteando, diante do enorme fragmento de espelho que tinham no quarto, enquanto ela ouvia histórias sobre seu pai ou músicas assobiadas. Mesmo quando ingressou no exército, e se submetera a treinos extenuantes sob o sol ou sob a água salgada do mar, tratava as madeixas lanosas como uma mãe a um filho querido. Por mais que sua rotina de treinamento cumprisse bem sua função de libertá-la de vaidade e individualidade, aquele aspecto de sua alma feminina permanecera intocado, lembrando-a sempre de que, antes de um soldado, ela era uma mulher. Uma mulher bonita, com lindos e longos cabelos loiros. N
Nevava havia dois dias e não havia qualquer sinal de que pararia pelas próximas semanas. O branco já havia coberto as raízes das árvores, e logo começaria sua lenta subida pelos caules. Em anos difíceis, um homem alto poderia ficar até os joelhos preso na neve. Era possível acrescentar um palmo ou dois à medida que se avançasse nordeste adentro e dizia-se que, na fronteira com Volstania, um homem podia ter neve até a cintura impedindo-o de prosseguir. Simplesmente avançar nessas condições era duro, mas pior ainda era fazer uma busca. Em condições normais, ninguém se atreveria a tentar encontrar um corpo específico soterrado no gelo em meio a um campo de batalha. Uma tropa podia fazer o trabalho mais rápido que um indivíduo, mas tão desmotivados pelo frio, os homens só pensariam em terminar logo e retornar para perto das fogueiras do acampamento. Os oficiais teriam tentado persuadir o comandante a desistir, pelo bem da tropa. &n
Se havia um lugar em Ataya do qual pouco se conhecia a existência, era o calabouço na sede da Ordem dos Redentores. Normalmente destinado aos criminosos que, pegos cometendo crimes dentro dos muros, aguardavam julgamento antes de serem enviados a alguma unidade prisional na floresta, raramente era usado por serem baixíssimas as ocorrências criminais tão graves dentro da cidade. Suas paredes de pedra rachada exibiam fendas abertas por raízes que desciam desde o solo acima. Quase não havia luz – a pouca que entrava o fazia através de pequenas fendas no teto que davam para o salão principal da ordem. O frio que fazia ali, ao menos, era menor que o de estar ao ar livre no meio do inverno, mas ainda assim doía nos ossos e retesava os músculos. Sobre o chão de barro batido havia restos de comida em pratos de madeira, alguns copos vazios e sangue fresco. Apesar de amplo, o l
Agir com justiça. A primeira obrigação de um Profeta. Nas palavras, nas ações, nos pensamentos. Em combate, isso significava usar apenas a força necessária. Nem mais, nem menos. Uzias conhecia o princípio, e nas poucas vezes que precisou se defender, a regra definitiva era a de nunca causar mais estrago que o suficiente para parar o inimigo. A questão importante cá agora era: quanto estrago era considerado o bastante para deter alguém como Acaiah? Não havia tempo para argumentação. O grito soluçante de Abigail foi o gongo. O sinal. A pedra que caía no chão em uma briga de rua. Ela gritou porque mal viu o movimento que tombou uma árvore próxima, vítima de um golpe letal que lhe partira o tronco. Uzias pulou para
O pouco do dia que era possível divisar entre as opressoras nuvens da tempestade vindoura já havia muito alaranjado. O tom de ferrugem que rapidamente migrava em direção ao negrume da noite alertava aos desesperados combatentes que a as próximas horas seriam selvagens. De um lado, um punhado de oficiais defendia suas vidas já quase exauridos de força e expectativas. Do outro, uma tropa maciça já quase reduzida à metade estava espremida entre a desmoralização de perder um número enorme de homens para um grupo menor que um destacamento, ou o fracasso total de desistir àquela altura e recuar para tentar um plano diferente. Fosse qual fosse o caso, nenhum dos grupos estava realmente disposto a seguir lutando noite adentro, mas também não tinham a permissão de seus comandantes para desistir. 
As lascas de madeira explodiram por todos os lados quando o punho fechado atingiu o tronco com tamanha força que ele se inclinou para o lado expondo suas raízes. O mesmo havia acontecido com vários antes daquele, e em todos os golpes os alvos não eram as pobres árvores cujo único crime era o de ter crescido e estabelecido raízes no que várias décadas depois seria um campo de batalha – mas sim o agilíssimo homem que as usava como distração para evitar a morte certa caso um daqueles socos monstruosos o atingisse. Aryah seguia tenaz, tentando acertar um único oponente em uma maré de homens. A cada movimento que errava alguma outra coisa se destroçava no lugar: uma árvore, uma rocha, um soldado inimigo. Seus homens a conheciam suficientemente bem para evitar suas imediações, de forma que lutavam em duplas ou trios do outro lado da clareira. Ela ainda tinha bastante força, e fôlego. Poderia continuar naquele ritmo pelo resto do dia e talvez até todo o dia seguinte. Menos
Último capítulo