―Todos están mirando, Ricardo… No podemos hablar ahora… Por favor… —musité cerca de él, que esperaba atento mis palabras.
―No me importa que todos miren… ¡Me mata tu indiferencia! ¡No sé cómo hacerte saber lo que siento con palabras! Te aseguró que nunca había pasado por esto, pero… Tengo una descontrolada necesidad de evitar perderte… Por favor, trata de entenderme… —rogó Ricardo en voz alta.
Me dejó con la boca abierta y con las manos atadas a la espalda. ¿Qué debía hacer al respecto? ¿C