Estoy emocionadísima arreglando mi maleta para el viaje. Pronto subiré a un avión y, aunque en lo más profundo de mi ser tengo un poco de nerviosismo, ya que nunca antes he volado, Rebeca me asegura que no tengo de qué preocuparme. Me dice que volar no es como si el avión se fuera a caer de repente o algo parecido. Sin embargo, no puedo evitar sentirme ansiosa, pero también emocionada, porque el día ha llegado. Será un sueño hecho realidad poder conocer una ciudad y un país sobre los que tanto