—Estás loca, de verdad. ¿Cómo puedes meterte con mi hermano? ¿Es que no te da asco? —cuestionó Dante, arrugando la boca y sin poder creerlo.
Se marcaban las arrugas de su frente por lo fruncida que estaba al hablarme. No me importaba ya lo que él pensara de mí. Era hora de seguir adelante luego de darme cuenta de la verdadera persona que era.
—Así como tú estás empezando una nueva relación con Rebeca, yo también tengo el derecho a estar con alguien más —repliqué, en un tono agrio.
—Ximena, lo h