Mi Luisa había hecho un trabajo profesional al matar a sus enemigos, como una torturadora entrenada por la propia famiglia, y su fama, tanto de mujer sin piedad como de esposa devota, o en mi percepción idiotamente sin amor a la vida, se extendió por todo el submundo del crimen.
Todos la temían tanto como la admiraban, pero yo ansiaba, necesitaba a mia rosa.
— Sabía que harías un trabajo sublime, mi ángel. — Le dije con orgullo, antes de completar con amargor. — Pero no deberías haberte pues