— Sí, después del accidente te hospitalizaron aquí. — Olivia confirmó en tono suave. — ¿Cómo te sientes, Rodrigo? — Preguntó preocupada.
— ¿Olivia? — Preguntó con el ceño fruncido.
No podía girarse, su cuello estaba inmovilizado con el collar cervical.
— Estoy aquí, amor. — Le dijo. Hice una mueca con la muestra de afecto público, al mismo tiempo que mi corazón latía a mil por la situación. — Estoy aquí para lo que necesites.
Sonrió.
— Y lo agradezco, Olivia.
— ¿Pero cómo te sientes? — I