Agarré su barbilla con fuerza cuando desvió su mirada de mí, forzando el contacto visual.
Sonreí maléfica cuando se estremeció bajo mi toque.
— ¿Entendió? — Repetí lentamente.
No planeaba matarla y no me gustaba la idea de cortar cuellos, pero ella no lo sabía.
— Sí, señora. — Respondió de inmediato.
Sonreí satisfecha por su respuesta inmediata.
— Nunca he estado aquí, ¿entiende? — Continué en un tono más aterciopelado. — La señora Luisa Rossi nunca ha pisado el prostíbulo della famiglia.