Mundo de ficçãoIniciar sessãoAstrid waited for Joshua all night as she usually did... And the first thing she received, instead of a cold greeting, was the divorce papers. “Why?” were her only words when she saw the agreement. Joshua looked at her indifferently. “It's enough. It's a waste of time to continue this marriage. In the first place, if it weren't for my grandfather, I wouldn't have married you... Sign it!” he shouted. Astrid, her eyes filled with tears, hurriedly took the divorce agreement and put it in her mouth. “I don't want a divorce!” Astrid cried. Joshua didn't respond, he just looked at her and walked away. After all, it was difficult to get into the heart of someone like Joshua. She stood firm in her decision. She had married to take care of her mother's health... Until she lost her too, leaving her with nothing left to hold on to. “He doesn't feel anything for me,” she said, wiping her teary eyes. “In the future, I will never appear in front of him again.” She took her luggage and, accompanied by a heavy snowfall, disappeared along with her footprints in the snow. She left behind only her signature on the divorce agreement. With a trembling body, she escaped. Five years later, a little boy reminded her of the person she tried to forget.
Ler maisC1-¡¿DE QUIÉN ES MI HIJO?!
—¡Sí, nena! ¡Eres increíble! ¡Sí! ¡Muévete más! El hombre miró a la mujer con una sonrisa satisfecha, y ella obedeció sin dudar, girando el cuerpo tal como se lo pedían, marcando la curva de la cadera, alargando el cuello, sosteniendo la mirada con una seguridad que se sentía real. Los flashes explotaron uno tras otro hasta que, finalmente, el último destello cesó y el fotógrafo bajó la cámara. —Perfecto, Mariam. De verdad… hiciste un trabajo excelente. Ella le devolvió la sonrisa, ya estaba acostumbrada a ser el centro de la tormenta. Justo cuando comenzaba a relajarse una figura menuda se abrió paso entre los reflectores. Era Lucía, su asistente, quien se acercó con pasos rápidos. —Mariam... tienes una llamada urgente. Es de la clínica de fertilidad. El corazón de Mariam dio un vuelco. Sus ojos azules, antes profesionales y gélidos para la cámara, se encendieron con una luz de esperanza pura. —¿La clínica? —exclamó, sin poder contener un rastro de emoción en la voz—. ¡Lucía, tiene que ser eso! Ya te lo dije, he estado sintiendo punzadas, un cansancio extraño esta mañana... ¡Estoy segura de que funcionó! Sin esperar respuesta, tomó el teléfono y caminó a paso veloz hacia la privacidad de su camerino. —¿Dígame? ¿Hola? —dijo Mariam, con una sonrisa que casi se podía escuchar a través de la línea. —¿Señorita Mariam Sabag? Habla el doctor Simmons, de la unidad de reproducción asistida —la voz al otro lado sonaba extrañamente tensa, despojada de la calidez habitual. —¡Doctor! Qué alegría escucharlo. Estaba a punto de llamarlo yo misma. He empezado a sentir algunos síntomas, náuseas ligeras y mucha sensibilidad... ¡estoy tan feliz! Realmente siento que el proceso ha sido un éxito. Hubo un silencio prolongado. Un silencio pesado que hizo que la sonrisa de Mariam empezara a desvanecerse gradualmente. Del otro lado, se escuchó un suspiro errático y el sonido de papeles moviéndose con nerviosismo. —Señorita... Yo... tengo que pedirle que mantenga la calma —comenzó el médico, con la voz quebradiza—. Hemos estado revisando los protocolos de seguridad de su intervención y... se ha detectado una irregularidad gravísima en el laboratorio. Mariam frunció el ceño, apretando el teléfono contra su oreja. —¿Una irregularidad? ¿De qué habla? El procedimiento se hizo, usted mismo me lo confirmó. —El procedimiento se hizo, sí, pero hubo una confusión en el etiquetado de las muestras —el médico tragó saliva, el pánico era evidente en su tono—. El esperma que se utilizó para su inseminación... no pertenece al donante anónimo que usted eligió de nuestro catálogo. Hubo un cruce de muestras con un depósito privado. El mundo de Mariam se detuvo. El aire en el camerino pareció agotarse de golpe. —¡¿Qué?! —gritó, negó llena de incredulidad—. ¿Qué me está diciendo, doctor? ¡¿De quién es entonces mi hijo?! (…) A miles de kilómetros de distancia, en la sala de espera privada de la clínica de fertilidad más exclusiva de New York, el aire vibraba con una tensión que amenazaba con trizar los cristales. Zayd Al-Rashid, el jeque de Riad, era una presencia que devoraba el espacio. Estaba vestido con un traje de Armani hecho a medida que acentuaba sus hombros anchos y su porte aristocrático, su cabello era negro como el ala de un cuervo, y sus ojos, del mismo tono oscuro, ardían con una impaciencia peligrosa. A su lado, sentada con elegancia estaba Jade.Su esposa.
Su belleza era clásica: cabello oscuro, ojos marrones. Vestía un conjunto saudí de seda de la más alta costura, moderno pero respetuoso, que subrayaba su estatus como la esposa del hombre más poderoso de la región. Zayd que caminaba de un lado a otro, de pronto, se detuvo y soltó una maldición entre dientes. —Zayd... —la voz de Jade fue apenas un susurro dulce, pero firme—. Maldecir está prohibido por Alá. No atraigas sombras a nuestro deseo. El jeque cerró los ojos un segundo, forzando a sus pulmones a expandirse. La sola presencia de su esposa solía ser su ancla, pero hoy, el peso del legado familiar lo estaba asfixiando. Aun asi, exhaló lentamente, relajando los puños, justo cuando la puerta se abría. —Señor Al-Rashid, el doctor Simmons los recibirá ahora —anunció la asistente. Entraron al despacho y el doctor Simmons, al verlos, se puso de pie tan rápido que casi tira su silla y tragó saliva. —Señor Al-Rashid... —saludó con una inclinación de cabeza, y luego se dirigió a Jade con un respeto casi temeroso—: Señora. Zayd no se sentó. —Quiero que me explique cara a cara lo que me adelantó por teléfono, doctor —dijo, yendo directo al grano. La cara del médico palideció hasta quedar del color del papel. Miró a Jade y luego bajó la vista a los informes sobre su mesa. —Bueno... los resultados de las últimas pruebas de la señora Jade son... concluyentes — Simmons hizo una pausa, buscando las palabras—. El tratamiento no ha tenido éxito. El útero no retuvo las muestras y, tras un análisis más profundo me temo que las probabilidades de que pueda llevar un embarazo a término son casi inexistentes. Lo más probable es que no pueda quedar embarazada nunca. El rostro de Zayd se transformó en una máscara de hielo.La frustración brilló en sus ojos negros, al mismo tiempo que se formaba una tormenta de dolor y poder herido. A su lado, Jade palideció; sus labios temblaron y sus ojos se llenaron de una tristeza devastadora, pero no lloró.
Se mantuvo erguida, aunque por dentro se estuviera desmoronando, entonces Zayd dio un paso hacia el escritorio, su sombra cubriendo al médico.
—¿Está seguro? ¿Quizás el problema soy yo? Quizás mi esperma no es lo suficientemente fuerte para el proceso... El doctor Simmons negó con la cabeza frenéticamente. —Me temo que no, señor Al-Rashid. Usted... usted está perfectamente bien. Su recuento y vitalidad son extraordinarios. Zayd apretó el ceño, entrecerrando sus ojos peligrosamente. —¿Cómo puede estar tan seguro? No me he hecho una prueba. ¿Cómo lo sabe? El médico suspiró, sabía que estaba a punto de destruir su propia carrera, y quizás su vida. Aun así no podía callarlo, así que se secó el sudor de la frente con un pañuelo y miró a Zayd a los ojos. —Lo sé porque, por un error catastrófico de nuestro laboratorio... inseminamos por equivocación a otra cliente con su esperma. El silencio en la habitación fue absoluto. —Y ella... —continuó el médico con un hilo de voz—, ella ha dado positivo. Está cien por ciento embarazada de su hijo, señor.Joshua’s heart skipped a beat. What was happening? Why... why would Marilyn show up at his house at this hour? He looked down at Astrid, whom he was carrying over his shoulder like a common sack of grain. How could he possibly explain her presence to Marilyn?Faking a calm expression, Joshua turned around. "Marilyn?" Seeing her silhouette standing by the door made his blood run cold.In that moment, he couldn't have cared less about the unconscious Astrid; he practically tossed her onto the sofa like a piece of unwanted luggage and hurried to open the door for Marilyn."Why are you out so late? Aren't you cold?" Although he was glad to see her, he was riddled with unease. Had she been tracking him?"I... I was just so worried about you," Marilyn said, twisting her fingers nervously. She paused for a beat before adding, "So I came to check on you. When I found out you weren't at the office, I wondered if you might be here."Marilyn stepped into the villa. It was exactly as it had been
Hearing this, the voice on the other end seemed to let out a sigh of relief. "So that’s it. No wonder. Then, please, try to get some rest and go home soon." Marilyn gritted her teeth, her heart simmering with a quiet agony."I will. You should get to bed early, too. Goodnight." Joshua’s face softened with affection. This little fool is so sweet, he thought. He promised himself he’d never overlook her again; his beloved Marilyn worried far too much.Meanwhile, in the empty office, Marilyn let out a long, heavy sigh. In the office? Is he really?After Joshua had dropped her off at home, she realized she had forgotten to handle a critical document. Checking the clock, she saw it was already dinner time. Too embarrassed to ask Joshua to drive her back, she had simply gone to the company herself to retrieve it. Having only recently stepped into her position, she knew that failing to handle such an important matter would cost her the approval of the board of directors.She hadn't even had t
On the drive back, Astrid felt the atmosphere soften. She didn't want things to remain as suffocating as they had been moments ago. Sitting in the car, she finally broke the silence."Joshua... I’ve thought about it.""Thought about what?" he asked abruptly. Joshua was momentarily puzzled. Thought about what? What to eat?"The request." Astrid nervously picked at her fingers. Even though he had given her his word, she worried that her choice might make him unhappy."Oh?" Joshua replied with a hint of nonchalance. This woman certainly didn't waste any time; she really knew how to seize an opportunity. He had halfway hoped she’d forgotten about it."I want..." Astrid gritted her teeth, "I want you to go with me to see my mother." She stole a cautious glance at Joshua’s handsome profile, feeling a mix of nerves and foolishness.Was this request too much? Would he actually be willing to go?Joshua was also taken aback. He had expected her to ask for something like spending every day by hi
Joshua let out a sharp sigh. "Your hand."For a moment, Astrid didn’t understand what he meant. She looked down instinctively and realized the blood from her arm had already trickled down to her hand. The alleyway had been too dark, and in the sheer terror of the moment, she hadn't given her wound a second thought.The pain threatened to consume her in the very next second, and she gritted her teeth to endure it, utterly lost on what to do."Use this to stop the bleeding first." Joshua pulled off his necktie and handed it to her. There was nothing in the car to treat a wound; this was his only option.Astrid started to say something. Her hand hovered in the air for a moment before she took the tie and stared at it. She was paralyzed, unsure of how to even begin.This wasn't just any tie; it was one of Joshua’s favorites. She had been the one to accompany him when he bought it. Joshua had rarely shown such a cheerful side that day, which was why the memory was etched so clearly in her
Último capítulo