Y realmente lo vio. Para su eterna rabia, Yusuf Al—Amir vio cómo aquella mujer habría los ojos, respirando pesadamente mientras decenas de manos femeninas la tocaban y trataban de hacerla reaccionar.
Estaba viva.
Seguiría viva.
Y la certeza de que Hasan Nhasir gobernaría aquel país a partir de es