—A lo mejor el asado de ayer no le cayó muy bien... —fue la única justificación que pudo esgrimir Karim cuando a la mañana siguiente ella se negó a bajar a desayunar.
—Bueno, muchacho, ya te sabes la ley de esta casa: si lo rompes, lo arreglas —le advirtió el señor Moe y Karim se levantó de inmedia