—¡Este niño me agrada! —exclamó Moe muerto de risa, porque le veía lo brillante a su estrategia.
Lo que no podía ni imaginar era que esa solo era la excusa. La verdad de por qué Karim Rossi no tenía una compañía propia era porque no quería construir nada que sus enemigos, que cada vez eran más auda