Alan y Mar se quedaron mirándose, impresionados ante la reclamación de Lizetta mientras esta golpeaba el capó con las palmas abiertas.
—¡Pero te has vuelto loca! —gruñó Alan bajando del coche y Mar hizo lo mismo.
—¡No, no estoy loca, estoy furiosa! —gritó ella—. ¡Retira la denuncia, mi padre está