Mar no tenía otra alternativa, y el abogado se veía extremadamente calmado.
—Está bien... ¡Dios, está bien! ¿Qué tengo que hacer? —le preguntó devolviéndole los papeles y tomando la mano de Alan para darse fuerzas.
—Tú, tranquilizarte. Quien necesito que se mueva de nuevo es Kainn —sentenció volvi