Ante la negativa de Lola, Dilia miró a Laura con aire triunfante:
—¿Ves? Lola no fue. En cuanto a por qué dañaste la corona, hermana, quizás fue por capricho o porque desconoces su valor.
¿Valor? ¿Qué valor?
Laura estaba confundida, pero el rey y la reina la miraban con seriedad.
Las palabras de Dilia sonaban convincentes, y parecían creerle.
—Padre, madre, no culpen demasiado a mi hermana. Creo que solo estaba jugando y no sabía que la corona era el símbolo de su feudo, por eso actuó tan descu