Dilia, con gestos dubitativos, insistió en agarrar a Laura y subir juntas.
Laura, sin poder resistirse, se vio obligada a seguirla escaleras arriba.
Diego, siendo hombre, naturalmente no podía subir.
Además, la decoración de la tienda, digamos, estaba orientada principalmente a productos femeninos, lo que hizo que resultara incómoda de observar.
Diego se frotó los ojos y pensó que su asistente debería estar presente; así que le dio una llamada.
—¿Ya llegaron? ¿Cuántos están allí contigo?
El asis