Shirley se agarró la cara y corrió hacia delante sin preocuparse del lugar al que iba, desafiando el viento frío y la nieve.
La sangre que se filtraba por los huecos de sus dedos caía sobre la blanca nieve gota a gota, y hermosas flores florecientes parecían aparecer en el suelo en una fracción de segundo.
Shirley no sabía cuánto tiempo había estado corriendo ni sabía hacia dónde se dirigía. Su conciencia se volvía cada vez más borrosa. Cuando estuvo a punto de desmayarse, se precipitó a la ca