Por la mañana, Davin se despertó con una sensación de opresión. Había algo presionándole el pecho. Aún medio dormido, estuvo a punto de levantar la mano para golpear a quienquiera que se hubiera atrevido a colarse en su habitación y tenderse sobre su cuerpo.
Pero justo antes de que su mano aterrizara, sus oídos captaron el sonido de gritos y risas de niños jugando. Davin contuvo el golpe de inmediato y abrió los ojos.
Lo que vio fue a Flora acostada boca abajo sobre su pecho, con su pequeña cab