La perspectiva de Raymond
—Ve al grano con lo que tengas que decir y lárgate, Kayla. No tengo tiempo que perder —le solté, con el ceño tan fruncido que las arrugas de la frente se me marcaban a más no poder.
—Relájate, Raymond. Tampoco he venido a hacerte perder el tiempo; sé que eres un hombre ocupado —respondió con una sonrisa antes de continuar.
Se puso de pie y empezó a caminar despacio hacia el sillón donde estaba sentado, esperando claramente que la evaluara de arriba abajo con la mirada.