“Noah, ¿terminaste con los deberes?”, lo llamé, pero no obtuve respuesta.
Era viernes por la tarde y estaba demasiado cansada de pie. Había olvidado lo fácil que era cansarse cuando estabas embarazada. Todas las cosas me cansaban.
Lo único que agradecí era que nunca tuviera náuseas matutinas, a diferencia de cuando estaba embarazada de Noah.
“¿Noah?”, lo llamé de nuevo.
Me preguntaba qué demonios estaba haciendo. Normalmente me respondía enseguida. A menos que algo haya captado su atención