Capítulo Setenta y Uno
Camilla
A la mañana siguiente, sentí como si me hubieran quitado un enorme peso de los hombros. El aire se sentía más ligero de lo habitual y por fin podía respirar.
Fui a la cocina a preparar café para empezar el día. Rory y Raphael aún no se habían despertado. Bebí mi café y comencé a preparar el desayuno.
Unos minutos después, Raphael entró en la cocina.
—Buenos días —me saludó.
—Buenos días. Hay café si quieres —dije.
—Gracias.
—¿Rory sigue dormida?
—Sí.
Hubo silencio