Volví a donde estaba la roca.
Cuando Zachary volvió, habían pasado unos cuarenta minutos. Me di cuenta de que sus pasos eran pesados.
También se movía con lentitud durante el día. Había estado esforzándose al máximo todo el tiempo.
Esperé a que se sentara y le pregunté: "¿Tienes hambre?".
Parecía que siempre le hacía la misma pregunta. A pesar de ello, su respuesta había sido siempre la misma.
"No tengo hambre. Esta noche dormiré más temprano".
Seguramente no había comido, pero se negaba a