Mordiendo mi labio inferior, ordene a Filiph bajar la velocidad con la intención de aligerar la amígdala en él, para así liberarme de la sensación extraña que empezaba a formarse en mí. Pronto llegamos al establo y le ordene bajarse de inmediato.
–Llegamos. Ahora puedes soltarme –hable en un hilo de voz.
–Está bien… –noto el aferro que tenía hacia mí, apartando los brazos deprisa–. Lo siento. No era mi intención…
Resople burlona.
–Desde que te conozco lo único que haces es disculparte –seguí af