“...”.
La furia de Max se encendió. “Tú la obligaste. ¿Cómo te atreves a hablar de eso? Si no la hubieras obligado, ¿crees que le gustarías? Basura”.
“¿Y qué si soy basura?”. La sonrisa de Chester fue intencional y malvada. “No has respondido a mi pregunta”.
“No hablaré de la privacidad de Eliza en público”. Max se negó a responder esa pregunta. El desdén era visible en sus ojos. “Los internautas no se equivocaron cuando te regañaron. Realmente eres una esc*ria”.
“¿Esc*ria? De hecho, soy una