«—¿Qué haces aquí? —le pregunté sin molestarme siquiera en sonreírle.
Hasta donde yo sabía, este libertino tenía su propia villa en Neverfield. ¿Por qué estaba aquí entonces?
—Por si te preguntas qué hace aquí tu cuñado, la respuesta es muy sencilla —dijo señalándose a sí mismo—. Soy el hermano de tu marido. Tengo todo el derecho de estar aquí.
Eso lo dijo sin que yo se lo hubiera preguntado. Genial.
—Está bien. No tengo tiempo para tus juegos. Buenas noches.
Entré en la habitación y, justo cua