A la mañana siguiente, Boyle salió de su casa a las ocho y media. Él montó su bicicleta y pasó por la calle catorceava como de costumbre.
Al final de la calle, vio a cuatro pandilleros con varillas de metal parados de manera imponente como si hubieran estado esperando su llegada.
"Boyle, nuestro amo nos dijo que viniéramos y te aconsejáramos que abandonaras el caso".
Boyle se bajó de su bicicleta. Él se quitó el abrigo y lo colgó en el manubrio. Luego se subió las mangas largas de su camiseta