Yanny estaba conduciendo. Hacía frío en la Ciudad del Norte por la noche, y las luces estroboscópicas atravesaban sus ventanas y entraban en sus ojos.
Pisó el acelerador a fondo mientras las ventanas estaban bajas, permitiendo que la escalofriante brisa invernal penetrara profundamente en el cuello de Yanny antes de que pudiera sentir algo.
Él había esperado por dos agonizantes años.
Yanny admitió que ella no era digna de él.
Recordó cuando se fugó con Samuel cuando tenía dieciséis años. Sin