Capítulo 44 — La mano quebrada
Sebastián:
Llevé a Janina al hospital porque realmente temí por su vida, es increíble cómo pueden afectarnos las heridas físicas. La fiebre, al principio cedía, pero luego ya no quiso ceder más y por más que la empapaba con agua fría, no bajaba, al contrario subía. Así que me asusté y la llevé al hospital sin perder más tiempo. Por suerte logró ser estabilizada, pero la tuvieron bajo sedantes por más de un día.
—Sebastián, ¿qué sucedió? —me preguntó Max cuando ent