Sin embargo, Jennie fue tomada por sorpresa por la mirada.
Aun apoyándose en su silla, Vickie curvó sus labios en una leve sonrisa y sus ojos brillaban como de costumbre. No hubo señales de enfado.
Perpleja y un poco perdida, Jennie preguntó. “Hermana, ¿no… estás enojada?”.
Vickie arqueó una ceja.
“¿Por qué debería estar enojada?”.
“Yo…”. Ella se mordió el labio y mantuvo la boca cerrada.
Vickie sonrió.
Ella pronunció levemente: “Estás realmente preocupada por mí y no estás aquí para crit