“¡Dejo todo en tus manos si ese es el caso! Ya eres una chica grande, así que es hora de que tomes decisiones por tu cuenta”.
“Mi única esperanza es que recuerdes que hoy tienes un hogar, pase lo que pase. Tu padre y tu hermano siempre serán tu red de seguridad a la que puedes recurrir. ¿Lo entiendes?”.
Las lágrimas de Janet cayeron silenciosamente por sus mejillas.
Enterrando su cabeza en el abrazo de su padre, ella lloró y asintió.
“Entiendo”.
Sintiéndose un poco asegurado, el Padre Hanco