Pasó casi otra hora, era tarde y los dos pequeños perdieron su entusiasmo, bostezando uno tras otro.
Al ver esto, Lucas rápidamente los llevó a lavarse los dientes y lavarse la cara, y luego los arropó para que se fueran a dormir.
No mucho después, los dos pequeños cayeron en un sueño profundo.
Lucas, al mirar esos dos rostros infantiles tan parecidos, sintió una calidez infinita en su corazón. Se levantó, besó a cada uno de ellos en la mejilla y luego salió de la habitación.
En esa habitación s