Tras decir estas palabras, Lucas se alejó paso a paso, pero sus piernas pesaban como si estuvieran llenas de plomo. Al recordar el aspecto de Ana, un agudo dolor se apoderaba de su corazón. Ella no se equivocaba al decir que él era su desgracia, ya que toda relación con él solo traía daño y desdicha.
Regresando a su auto, Lucas no se marchó de inmediato. En su lugar, levantó la vista hacia la ventana de la habitación de Ana. A través de la suave luz, la vio acercarse a cerrar las cortinas. Le r