Después de decir sus palabras, Ana, conteniendo la tristeza que le oprimía el pecho, se dio media vuelta y se marchó. Lucas, reprimiendo un suspiro que amenazaba con salir de su pecho, no hizo ningún esfuerzo por detenerla.
No fue hasta que la figura de Ana desapareció de su vista, que el hombre lanzó una violenta patada al cubo de basura que yacía ante él. —¡Maldición! Lucas había vivido muchos años, siempre ajeno al amor y a la lujuria, pero Ana era la única mujer a la que había querido acerca