La fuerza del hombre era intensa, Ana sintió que esto no era un beso, sino que estaba siendo devorada.
Un dolor punzante en los labios y un sabor a sangre llenó el aire.
Pero Lucas parecía no darse cuenta, controlaba las manos y los pies de Ana, impidiéndole luchar, mordiéndole cada vez más fuerte sus labios.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero justo cuando Ana pensó que sus labios ya no le pertenecían, Lucas finalmente la soltó.
Lucas bajó la mirada, observando los labios