[ADVERTENCIA: ESTE CAPÍTULO CONTIENE CONTENIDO MADURO NO APTO PARA LECTORES MENORES DE 18 AÑOS].
El sol había salido y la brisa del mar soplaba contra su rostro. Los ojos de la mujer se agitaban, incapaces de comprender la belleza que tenía ante sí.
Gabriela estaba de pie junto a la piscina infinita del resort, con impresionantes vistas al mar y al cráter volcánico.
Giró a la izquierda y vio las casas encaladas amontonadas que sobresalían de las aguas increíblemente azules. Desde otro ángu