Su aroma la rodeó, haciendo que su mente descansara, y poco a poco se relajó.
"Fengchen".
"Estoy aquí”.
"Debí haberte escuchado".
Al oír eso, Jin Fengchen soltó a Jiang Sese y la miró. Sus ojos eran tan oscuros y la mirada en ellos tan melancólica que le recordaban a un remolino, absorbiéndola profundamente.
Mordiéndose el labio, Jiang Sese continuó: "No debí tener esa actitud hacia ti el otro día. Tenías razón. No soy responsable de la pérdida del bebé de Jiang Nuanuan. No debí compadecerl