La noche cayó, pero Clara no sentía ni una pizca de sueño.
Se apoyó junto a la ventana mirando las flores de cerezo, mientras Mimi bostezaba debajo del árbol, extendía sus garras para rascarse.
Clara ya le había prometido a Carlos que se iría al extranjero, pero no sabía por qué, su corazón estaba lleno de ansiedad e inquietud.
Sabía muy bien que la propuesta y elección de Carlos eran lo mejor para ella.
Mientras más se prolongara, más peligrosa sería la salud de su padre. Carlos podía encontrar