En el camino, encontramos a mi padre, que habla de forma acalorada con mi madre, al vernos, detienen su paso y sus palabras. Mi madre me dedica una enorme sonrisa y me abraza con todas sus fuerzas, puedo escuchar como mis huesos de la espalda truenan.
—Madre... madre...
Me suelta y luego acuna mi rostro delicadamente, para luego depositar un tierno beso maternal en mi frente, una enorme sonrisa adorna sus labios rosados.
—Cariño ¿A dónde vas?
—A ver a mi suegro.
—Es verdad, me contó Licaón sobr