Bianca solo llevaba puesta la camisa de un hombre. No había nada más sobre su piel.
La idea la golpeó como un rayo—ese monstruo la había violado.
El pecho se le oprimió. El pánico comenzó a subir lentamente. Tenía que encontrar a ese bastardo ya.
Pero algo la detuvo. No era dolor. Extrañamente, se sentía llena de energía.
—¡Bruno Aston, esto no ha terminado! —gruñó, arremangándose mientras salía furiosa de la habitación.
La vista fuera del dormitorio le quitó el aliento. Un espacio moderno