Jake se arrodilló tras ella, le levantó el trasero mientras sus pechos se quedaban pegados a la cama, y restregó su miembro contra su entrada, enloqueciéndola. Entró un poco, solo un poco y la escuchó gruñir de necesidad. —Cásate conmigo. —¡Eres un puto loco! —Sí, pero soy el tuyo. Cásate conmigo
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