Esmeralda llegó a Aurora Tech con el paso firme de una mujer que no estaba huyendo de nada. Eso intentó convencerse mientras cruzaba el vestíbulo principal, saludaba a dos empleados con una sonrisa perfectamente medida y subía al ascensor privado con la espalda recta, el bolso apretado contra el costado y una jaqueca moral palpitándole detrás de los ojos. No estaba huyendo. Estaba tomando control. Había una diferencia. Todo en Aurora le recordaba quién era. Allí no era la mujer que había firmado documentos frente a un Elvis. Allí no era la idiota que había despertado con un anillo en el dedo. Allí no era la esposa de Jason Russel. Era Esmeralda Rivera. CEO, fundadora y dueña de su vida. O al menos eso p
Ler mais