Esmeralda Rivera jamás, ni en sus peores pesadillas, imaginó poner un pie en Titan Corp. Había soñado muchas veces con vencerlos. Con ver el nombre de Aurora Tech por encima del suyo en una portada, en una gala, en una pantalla gigante donde Jason Russel tuviera que sonreír con la mandíbula tensa mientras ella recibía el premio que llevaba tres años viendo en sus manos. Pero entrar allí… No. Eso era como entrar en la boca del lobo. El edificio de Titan Corp se alzaba en el centro financiero de San Francisco con una arrogancia arquitectónica que le habría parecido ofensiva si no fuera tan impecable. Cristal oscuro, acero pulido, líneas limpias, sensores integrados en las puertas, pantallas verticales mostrando datos en tiempo real y un logo plateado que parecía decirle a toda la ciudad: nosotros ya llegamos al futuro, ustedes
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