La palma de la mano de Damian permanecía apoyada sobre el abultado vientre de Valerie, y su pulgar trazaba lentos círculos sobre la tela de su vestido. El bebé volvió a dar un suave y rítmico empujoncito contra su mano, y el rostro de Damian se iluminó con una expresión de pura y tranquila satisfacción.Valerie recostó la cabeza contra su hombro, con la mirada perdida en el elegante droide plateado que se encontraba cerca de la entrada. Leo permanecía inmóvil, con su superficie plateada mate reflejando la cálida luz. —Entonces —murmuró Valerie, con un destello juguetón bailando en sus ojos color avellana mientras inclinaba la cabeza hacia arriba para mirar a su esposo—, ¿dices que ejecuta órdenes al instante? ¿Cualquier cosa?— Dentro de lo razonable, esposa», respondió Damian con voz grave, mientras una leve sonrisa de diversión se dibujaba en la comisura de sus labios. «Pónlo a prueba».Valerie se incorporó ligeramente, ajustándose las almohadas de seda detrás de la espalda. Se acl
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