EL SEÑOR MICHAEL 3. -Eso es, preciosa, muéstrame lo buena que eres con esa mano. Mi brazo se movía con ritmo, mi mano envuelta alrededor de su polla, masturbándolo con fuerza. Él soltó un gemido grave y echó la cabeza hacia atrás. -Joder -su voz era baja, con un tono que no lograba descifrar-. Eso es, zorra, tómame como una buena chica. -No tienes ni puta idea de cuánto tiempo llevo queriendo hacer esto. Queriendo llamar tu atención -gruñó. -Ahora te has ofrecido a mí por voluntad propia, y créeme, pienso usar cada centímetro de tu cuerpo. Mi coño se contrajo con sus palabras, sintiendo una presión intensa entre las piernas. Lo apreté con más fuerza, girando el puño e
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