Llevó el teléfono a su oído, y su voz, aunque rápida, se volvió gélida y profesional, la voz del heredero que toma el control de una crisis.—¡Ricardo! Soy yo. Deja lo que estés haciendo. En este mismo instante, quiero que todos esos encabezados, ese informe y cualquier rumor sobre mi esposa desapar
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