El vestido del dieciséis de mayo había sido blanco, de corte clásico, con los detalles de encaje en el escote y en los puños que producían ese tipo de elegancia que es más la elegancia de la ocasión que la elegancia de la persona que la lleva. Lo había elegido Patricia cuatro meses antes de la boda, con Valentina presente pero con la lógica de elegirlo que era la lógica de Patricia: que correspondiera al tipo de evento, que no llamara demasiado la atención en ninguna dirección, que tuviera la calidad suficiente para la escala del evento pero que no fuera extravagante en ningún sentido que pudiera parecer excesivo.Era el vestido que correspondía a la boda que iba a ser.
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