~EmilyLa repentina partida de David a su reunión dejó un filo amargo, pero cuando presentó a Damon como mi chófer —mi ex, su amigo de confianza— el shock casi me deshizo.Había gritado, lo disimulé, y ahora, horas después, la noche había terminado, y me sentaba en el asiento del copiloto de un SUV negro brillante; Damon al volante, llevándome a casa a la mansión que compartiría con mi marido multimillonario.Miraba por la ventana; las luces de la ciudad se difuminaban; los labios sellados apretados.El chal se había ido, reemplazado por una chaqueta prestada de una dama de honor; las ruinas del vestido ocultas pero los muslos todavía pegajosos de su pecado anterior.Me negué a mirarlo, me negué a darle la satisfacción de una palabra; mi silencio un muro contra el caos que había desencadenado.Damon, sin embargo, llenó el espacio con su voz: baja y burlona, ese mismo filo obstinado de nuestros seis años juntos, como si no me hubiera acabado de follar en bruto el día de mi boda.—Estás
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