—Detective, ¿de verdad piensa mantenernos encerradas en esta sala? —Carol se puso de pie. —Solo serán unos minutos, señora jueza. —Ya le dije que varios hombres bajaron de dos carros y dispararon; hoy casi morimos y no estamos en condiciones de ir a una estación de policía ahora. —Está bien. —Soltó un suspiro cansado—. Tomaré sus declaraciones otro día… —El detective giró la manija y abrió la puerta. —Vamos —Kevin tocó la mano de Justine, ayudándola a ponerse de pie. —¿Dónde está mi hijo? —preguntó ella con voz débil. —Está con doña Laura… El brazo de Kevin se posó sobre su hombro por instinto protector. Todos caminaron por los pasillos, pero no dijeron una palabra hasta salir del hospital. Afuera, el equipo de guardaespaldas ya los esperaba en la entrada, cerca del carro del señor Harrison. Después de acomodarse en la tapicería suave del automóvil, Justine apoyó la cabeza en el hombro de Kevin
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