Dicen que la maternidad te cambia. Yo digo que la maternidad es una emboscada militar.Si hace cinco años me hubieran advertido que hoy estaría frente a un espejo, vestida de blanco por segunda vez, pero con una mancha de puré de manzana en el dobladillo del vestido y una niña de seis años dándome un reporte detallado sobre por qué su hermano menor no debería tener acceso a los Legos, probablemente me habría reído en la cara de quien fuera. O me habría desmayado.De hecho, me desmayé. Pero eso ocurrió cuatro años atrás, en la consulta del doctor Méndez.—Son dos, Isabela —anunció él, mostrando una sonrisa que en ese momento me pareció sádica.—¿Dos qué? ¿Dos brazos? ¿Dos piernas? —cuestioné yo, confundida.—Dos corazones. Tendrán dos bebés.Alejandro, el gran comisario de la policía, el hombre que ha enfrentado a los criminales más peligrosos del país, se puso pálido como el papel. Yo, por mi parte, simplemente decidí que la camilla de la clínica era un excelente lugar para tomar una s
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