“Además... ¿dónde estamos...?”, preguntó Gerald cuando se dio cuenta de que estaban dentro de una especie de cueva.
Aunque el anciano parecía desaliñado y descuidado, Gerard sabía con certeza que no era una persona común.
Después de un breve silencio, el anciano respondió con voz ronca: “... Soy alguien que vive ailsado en esta montaña”.
Al escuchar eso, Gerald se sorprendió un poco. ¡No podía creer que alguien viviría realmente en un lugar como este!
“… ¿Puedo saber tu nombre…?”.
“Pue