“¡¿Podría ser que Gerald sea el santo que salvará nuestro Continente Leicom?!”.
Al ver la luz de las estrellas, Sumeru no pudo evitar quedarse asombrado.
***
Poco después, Gerald regresó al Pabellón Sur.
“¡Hermano Gerald!”.
Justo cuando llegó a la puerta, se escuchó una voz familiar detrás de él.
El dueño de esa voz no era otro que Ray Leighton, el hombre con quien se había peleado.
“Hermano Ray, ¿hay algo que necesites a estas horas tan tarde?”.
Cuando vio que era Ray, Gerald se quedó s